La genética, clave en la duración de la vida humana

Durante décadas, la explicación de por qué unas personas viven más que otras ha puesto el acento en el entorno: el estilo de vida, la dieta, las enfermedades o el azar. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Science cuestiona ese enfoque y otorga a la genética un papel mucho más determinante de lo que se pensaba. El estudio, liderado por el biólogo Uri Alon, sostiene que hasta el 55% de la variación en la duración de la vida humana estaría condicionada por la herencia genética.

La clave del trabajo está en diferenciar entre causas de muerte extrínsecas —como accidentes, infecciones o violencia— y causas intrínsecas, directamente ligadas al envejecimiento biológico. Según los autores, la elevada mortalidad externa en los siglos XIX y XX ocultó durante años el verdadero peso de la genética en la longevidad. Al eliminar estadísticamente esas muertes externas, la heredabilidad de la duración de la vida aumenta de forma clara, duplicando las estimaciones previas.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo reanalizó grandes bases de datos de gemelos idénticos y mellizos de Dinamarca y Suecia, además de hermanos de personas centenarias en Estados Unidos. En total, se estudiaron cerca de 16.000 pares de individuos emparentados. Los modelos matemáticos muestran que, a medida que disminuye la mortalidad externa —hoy diez veces menor que a finales del siglo XIX—, la influencia genética se vuelve mucho más evidente.

El hallazgo no elimina la importancia del estilo de vida, pero matiza su alcance. Aproximadamente la mitad de la longevidad seguiría dependiendo de factores modificables, como la alimentación o el ejercicio, mientras que la otra mitad estaría marcada por la herencia. Expertos independientes consideran que el estudio puede cambiar el paradigma actual y reforzar la búsqueda de variantes genéticas clave en el envejecimiento, con implicaciones directas para la investigación biomédica y la prevención de enfermedades asociadas a la edad.