Consumo responsable

La semana pasada unas declaraciones del Ministro de Consumo, acerca del elevado consumo de carne roja en nuestro país, desataron una furibunda respuesta por parte de sectores poco informados por decirlo suavemente. Las palabras del ministro no abogaban por dejar de comer carne de forma radical sino de reducir su consumo y seleccionar bien el origen del producto. Sus declaraciones se argumentaban en los efectos que tiene la industria cárnica intensiva sobre el cambio climático y los  efectos que tiene sobre la salud de las personas ese elevado consumo.

Si buscamos que dicen organismos internacionales como la OMS o la ONU sobre el consumo de carne y los efectos que tiene podemos encontrar que los argumentos del ministro no eran del todo descabellado y si muy acertados. Según la OMS el consumo de carne, tanto roja como procesada, ha sido clasificado como carcinógena para los humanos. Además si lo añadimos a factores como el bajo ejercicio físico esto contribuye a empeorar nuestra salud generando obesidad y enfermedades cardiacas. Por otro lado el uso de antibióticos de forma masiva en la ganadería industrial provoca que la resistencia a los antibióticos aumente. Este problema podría resultar en más muerte por cáncer hacia el año 2050. Nuestro país es el que más los utiliza en dentro del marco europeo.

La otra amenaza de un consumo de carne excesivo y proveniente de la ganadería industrial son los efectos que tiene en el cambio climático. La ganadería genera la emisión del 14,5% de los gases de efecto invernadero. No solo CO2 sino también el metano y el óxido nitroso, dos gases mucho más potentes que el CO2. Además, el 80% de la deforestación que se produce en la Amazonia se atribuye a la actividad ganadera, la creación de tierras para cultivos destinados a fabricar piensos.

A todo esto hay que sumar factores que degradan el planeta como la monopolización de las tierras cultivables, la merma de la biodiversidad, la contaminación del agua, la falta de bienestar animal o la perdida de la soberanía alimentaria. Debemos reducir el consumo de carne y decantarnos por un modelo productivo basado en la ganadería extensiva tradicional respetuosos con nuestro planeta.

Fuentes: OMS, ONU, Greenpeace

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